Cuidado Preventivo para Músicos

Llevas dos horas de ensayo y al dejar el instrumento notas el cuello agarrotado de un lado, o las muñecas cansadas de una forma que no tiene nada que ver con el esfuerzo físico habitual. Tocar un instrumento no es deporte, pero exige al cuerpo de forma parecida: repetición, horas, postura sostenida.

¿Te suena? Muchos músicos pasan por alto cómo su práctica afecta al cuerpo hasta que aparece una molestia. Antes de llegar ahí, el masaje y unas rutinas sencillas ayudan a mantener el cuerpo afinado, igual que el instrumento.

Dónde carga el cuerpo según el instrumento

  • Cuerda (violín, viola, guitarra): cuello, hombros, brazos y manos. El violín tira del cuello hacia un lado durante horas; la guitarra carga más antebrazos y dedos.
  • Piano: muñecas, antebrazos, espalda baja y hombros, por la flexión constante de los dedos.
  • Viento: mandíbula, cuello, espalda alta y zona abdominal.
  • Percusión: hombros, brazos, muñecas y espalda.

A eso se suma el estrés antes de una actuación, que tensa las mismas zonas por otra vía: cuello, hombros y espalda. Ante cualquier molestia persistente o lesión diagnosticada, consulta con tu médico antes de cualquier sesión.

Qué puede aportar el masaje

El quiromasaje acompaña la sensación de tensión acumulada por horas de práctica, con amasamientos y presiones sobre las zonas más cargadas. Los estiramientos pasivos —los que hace el masajista sin que tú hagas nada— ayudan a la sensación de mayor rango de movimiento en las zonas más solicitadas por tu instrumento.

En nuestra experiencia, los músicos que incorporan sesiones regulares describen tocar con más soltura y sentir mayor conexión con el instrumento. Nada de esto sustituye la atención médica cuando hace falta: es un complemento, no un tratamiento.

Cada cuánto suele encajar

  • Práctica profesional intensa: cada una o dos semanas.
  • Práctica semiprofesional: cada tres o cuatro semanas.
  • Práctica ocasional: cada uno o dos meses, según cómo lo notes.

Ejercicios sencillos entre sesiones

  1. Cuello y hombros. Inclina la cabeza a un lado, mantén 15 segundos, cambia. Cruza un brazo sobre el pecho, 15 segundos por lado.
  2. Muñecas y dedos. Abre y cierra las manos 10 veces. Círculos de muñeca, 10 por lado.
  3. Espalda baja. Tumbado, abraza las rodillas al pecho, 20 segundos por pierna.
  4. Respiración. Dos o tres minutos de respiración diafragmática, atención al abdomen.

Y algo simple que suma mucho: por cada veinte minutos de práctica, veinte segundos de pausa para estirarte. Ajusta también los soportes y la silla para no forzar posturas que no hacen falta.

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