Yoga Mindfulness: Presencia, Respiración y Calma

Llevas veinte minutos de clase y de pronto te das cuenta de que no has estado ahí en ningún momento. Has hecho las posturas, has seguido las indicaciones, y mientras tanto la cabeza estaba resolviendo la tarde: la llamada pendiente, la compra, esa conversación que quedó a medias.

¿Te suena? Es de las cosas más comunes que nos cuentan, y no significa que lo estés haciendo mal. Significa que el cuerpo se ha movido pero tú no has llegado. El yoga mindfulness va exactamente de eso: de aparecer.

Qué es el yoga mindfulness

No es un estilo distinto de yoga, con posturas propias o una secuencia particular. Es una forma de practicar: en lugar de perseguir la postura correcta, se presta atención a lo que ocurre mientras la haces.

La diferencia se nota enseguida. En una clase convencional, la pregunta de fondo es «¿lo estoy haciendo bien?». Aquí la pregunta es otra: «¿qué noto ahora mismo?». Y esa pregunta no tiene respuesta incorrecta.

El término mindfulness se popularizó a partir del trabajo de Jon Kabat-Zinn, que incorporó el movimiento consciente a sus programas de reducción de estrés. Pero la idea es mucho más antigua: es la práctica de estar donde estás, que en yoga siempre estuvo ahí y que en algún momento quedó tapada por la exigencia de la forma.

En nuestras clases de yoga en Granada trabajamos así: respetando que cada cuerpo es distinto y que cada día también lo es. La misma postura no le sirve igual a dos personas, ni a la misma persona dos martes seguidos.

Las cuatro herramientas

Movimiento consciente

Consiste en llevar la atención a las sensaciones del cuerpo mientras pasas de una postura a otra. No a la forma vista desde fuera, sino a lo que se siente por dentro: dónde hay tirantez, dónde hay apoyo, qué zona se resiste. El movimiento deja de ser una ejecución y pasa a ser una lectura.

Respiración

Es el ancla más fiable que existe, porque está siempre disponible y no hay que ir a buscarla. Cuando la cabeza se va —y se va constantemente—, volver a notar el aire entrando y saliendo es el camino de vuelta más corto. Si quieres profundizar, tenemos una guía de respiración en yoga para el estrés con cuatro técnicas concretas.

Visualización

Sostener una imagen tranquila mientras se mantiene una postura ayuda a que la mente tenga algo concreto donde apoyarse. Funciona especialmente bien en las posturas largas, que son donde más gente se impacienta.

Prácticas somáticas

Aquí la atención se amplía: no solo a las sensaciones físicas, también a los pensamientos y emociones que aparecen durante la práctica. Sin analizarlos ni echarlos. Simplemente registrando que están.

Qué cambia con la práctica

Cada persona lo vive de forma distinta y nadie debería prometerte resultados. Esto es lo que más nos describen quienes llevan un tiempo practicando así.

Empiezas a reconocer tus automatismos

¿Aguantas la respiración cuando entras en una torsión? ¿Te irritas en las posturas difíciles y deseas que acaben? ¿Miras de reojo lo que hace la persona de al lado? Eso que aparece en la esterilla suele ser lo mismo que aparece fuera. La esterilla solo lo pone donde se ve.

Reaccionas un poco menos rápido

Practicar la paciencia con una postura incómoda entrena algo que después se nota en una conversación tensa o en un atasco. No es que dejes de reaccionar: es que aparece un hueco pequeño entre lo que pasa y lo que haces. Ese hueco lo cambia casi todo.

Dejas de pelearte con el día que tienes

Hay días en que el cuerpo no llega donde llegaba la semana pasada. La práctica consciente enseña a trabajar con lo que hay en lugar de con lo que debería haber, y esa costumbre se traslada sola fuera de clase.

Te tratas algo mejor

Es lo más difícil de explicar y lo que más gente menciona. Una práctica en la que nadie te corrige la forma acaba bajando el nivel de exigencia con el que te hablas a ti mismo. Y eso, sorprendentemente, se pega.

Lo que el yoga mindfulness no es

Queremos ser claros aquí, porque en el mundo del bienestar se dicen cosas con demasiada ligereza.

  • No es terapia. Es una práctica de movimiento y atención, no un espacio clínico ni psicológico.
  • No trata ninguna condición de salud, ni física ni emocional, y no vamos a afirmar lo contrario.
  • No es una técnica para no sentir cosas incómodas. A veces es justo al revés: al bajar el ruido, aparece con más nitidez lo que llevabas encima.

Y esto es importante: si estás atravesando un momento emocional difícil —tristeza que no levanta, angustia que condiciona tu día a día, o la sensación de no poder con lo que tienes delante—, lo que necesitas es un profesional de la salud mental. Una clase puede ser un buen acompañamiento y un respiro real, pero no es el lugar donde se resuelve eso, y nosotros no somos quienes deben acompañarlo.

Cómo es una clase aquí

Grupos pequeños, ritmo pausado y ninguna corrección de postura delante de los demás. Se empieza sentados unos minutos, sin hacer nada, para llegar de verdad. Después movimiento, y al final unos minutos de quietud que para mucha gente acaban siendo la mejor parte.

No hace falta experiencia previa ni ser flexible. Y no hay ningún nivel que alcanzar: si un día solo te apetece quedarte tumbado escuchando, eso también es la práctica.

Si quieres probarlo, escríbenos y te contamos horarios y cómo funciona el primer día. Estamos en C/ San Jerónimo 48, en Granada centro, a cinco minutos de la Catedral.

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Las clases y prácticas descritas en este artículo son actividades de bienestar y relajación. No constituyen atención sanitaria ni psicológica, y no sustituyen en ningún caso al consejo, la valoración o la atención de un profesional titulado.

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