Tu Primera Sesión de Masaje: Qué Pasa Exactamente, Paso a Paso

Has reservado. Y ahora, según se acerca el día, empiezan a aparecer las preguntas pequeñas. ¿Me tengo que desnudar del todo? ¿Y si me huelen los pies? ¿Hay que hablar durante la sesión o me callo? ¿Y si me duermo? ¿Y si me duele y no me atrevo a decir nada?

¿Te suena? Son preguntas que casi nadie hace en voz alta y que se piensan todas. Así que vamos a contarte exactamente qué va a pasar desde que cruzas la puerta hasta que sales, sin adornos.

Porque hay algo que sabemos después de muchos años de camilla: la gente que llega sabiendo qué va a pasar disfruta muchísimo más de la sesión. No porque cambie el masaje, sino porque no gasta los primeros veinte minutos en estar pendiente de lo que viene.

Antes de salir de casa

Ropa: ven con lo que lleves puesto. Para casi todas las sesiones te vas a cambiar igualmente. La excepción es el masaje tailandés, donde permaneces vestido toda la sesión: ahí sí conviene ropa cómoda y elástica, mejor pantalón largo.

Comida: ni con el estómago lleno ni en ayunas. Una hora o dos después de comer está bien.

La hora: si puedes elegir, la última de la tarde es la mejor. Salir de la sesión y volver a casa sin nada más que hacer aprovecha mucho mejor el estado en el que sales. Una sesión estupenda seguida de tres reuniones se diluye en un par de horas.

Llega cinco minutos antes. No por puntualidad: porque entrar corriendo y tumbarse acelerado desperdicia el primer cuarto de hora.

La conversación de entrada

Lo primero no es la camilla. Es sentarse tres o cuatro minutos a hablar.

Te vamos a preguntar cómo llegas, qué zonas notas cargadas, desde cuándo, qué movimiento las despierta, si prefieres presión firme o suave, y si hay algún sitio que prefieres que no toquemos. No hay respuestas incorrectas ni hay que prepararlas. Si no sabes qué contestar, «no lo sé, llevo un mes fatal» es una respuesta perfectamente útil.

Esos minutos parecen un trámite y son justo lo contrario: es donde se decide la sesión entera. Un masaje bueno con la información equivocada acaba siendo un masaje regular.

Quedarte a solas para cambiarte

Salimos de la sala y cierras la puerta. Sin prisa.

Te quitas la ropa hasta donde te sientas cómoda o cómodo. La mayoría de la gente se deja la ropa interior, y es completamente normal. Nadie va a comentar nada ni a mirarte raro por dejarte más o menos.

Te tumbas bajo la toalla, y aquí va lo que más tranquiliza: durante toda la sesión solo queda descubierta la zona en la que estamos trabajando en ese momento. El resto del cuerpo permanece siempre cubierto. Si estamos en la espalda, solo está al aire la espalda. Cuando pasamos a las piernas, se tapa la espalda.

Llamamos antes de volver a entrar. Siempre.

Los primeros diez minutos

No empezamos por el punto que te duele. Esto sorprende a mucha gente, sobre todo a quien viene con una zona muy concreta cargada y espera que vayamos directos.

Los primeros minutos son maniobras amplias, lentas y superficiales. Sirven para templar el tejido y, sobre todo, para que el cuerpo deje de estar en guardia. Un músculo tenso que recibe presión profunda de golpe se defiende y se cierra más. Se llega al punto cuando la zona está preparada, no antes.

Si durante ese rato tu cabeza sigue haciendo listas, es lo más normal del mundo. No hay que forzar la relajación. Suele callarse sola.

La presión: hablamos de números

Cuando entramos en las zonas cargadas te vamos preguntando por la intensidad en una escala del 1 al 10.

El sitio donde queremos estar es un 6 o un 7: esa molestia que reconoces como «ahí es», intensa pero soportable, en la que el cuerpo se relaja en lugar de tensarse. Un 9 no trabaja mejor: trabaja peor, porque te contraes para defenderte y el músculo deja de ceder.

Aguantar no suma. No hay ningún premio por soportar más presión de la que te resulta cómoda, y el resultado además es peor.

Las preguntas que nadie hace en voz alta

¿Y si me huelen los pies?

No nos importa. Trabajamos con pies todos los días y no hay nada que nos sorprenda, de verdad. Es una preocupación muchísimo más común de lo que parece y en la sala se resuelve sola en cuanto empieza la sesión.

¿Y si no me he depilado?

Da exactamente igual. En serio. Es de las cosas que más gente nos confiesa después que le preocupaba antes de venir, y a nosotros no nos ocupa ni un segundo de atención.

¿Y si me duermo?

Es de las mejores señales que nos puedes dar. Significa que el cuerpo ha bajado la guardia del todo. Ronca tranquilo.

¿Y si me emociono?

Pasa con bastante frecuencia, sobre todo en primeras sesiones o en épocas duras. A veces son unas lágrimas discretas, a veces solo un suspiro largo que llega sin avisar. No hay nada que explicar ni de lo que disculparse: cuando el cuerpo lleva meses sosteniendo y encuentra un rato en el que nadie le pide nada, es lógico que algo se afloje. Tu masajista seguirá trabajando con calma, o parará si lo prefieres.

¿Tengo que hablar?

No. Y si prefieres silencio absoluto, dilo al principio y te preguntaremos solo lo justo. Es una opción tan válida como cualquier otra y bastante más habitual de lo que imaginas.

¿Y si me hace cosquillas?

Las cosquillas las provoca el roce ligero e imprevisible, no la presión firme. Si aparecen, la solución no es tocar más flojo sino sujetar con más firmeza. Dilo y lo ajustamos.

Puedes decirlo. Siempre.

Esto es lo más importante de todo el artículo. Mucha gente aguanta una presión incómoda por no interrumpir, pasa frío en silencio o deja que le trabajen una zona que preferiría evitar. No hace falta. No molestas, no interrumpes y no nos vas a ofender. Frases que puedes usar sin pensártelas dos veces:

  • «Un poco menos de presión aquí.»
  • «Ahí sí, quédate un rato más.»
  • «Eso va por un 8, bájalo un poco.»
  • «Prefiero que no me toques los pies.»
  • «Tengo frío.»
  • «Espera, déjame respirar.»
  • «Prefiero que hablemos poco.»

Decirlo en el momento no rompe la sesión: es exactamente la información que hace que la sesión sea tuya.

El cierre

Avisamos unos minutos antes de terminar, para que no haya sobresaltos. Después te dejamos a solas otra vez.

Incorpórate despacio. Es normal notarse algo aturdido de puro relajado. Te vistes sin prisa y sales cuando quieras: reservamos diez minutos adicionales alrededor de cada sesión precisamente para que nadie tenga que mirar el reloj.

Las 24 horas siguientes

  • Los primeros diez minutos: resiste la tentación de mirar el móvil nada más vestirte. Es el gesto que más rápido devuelve al ritmo del que acabas de salir.
  • La primera hora: bebe agua y evita encadenar con algo exigente.
  • El resto del día: come ligero, ducha templada mejor que muy caliente, y el entrenamiento intenso para mañana.
  • Esa noche: suele ser de las mejores del mes. Acuéstate antes de lo habitual.
  • Al día siguiente: si el trabajo fue profundo, es habitual notar las zonas trabajadas algo sensibles, parecido a unas agujetas suaves. Es normal y se pasa sola en 24 o 48 horas.

¿Y si no sé qué reservar?

Es la duda más común de todas, y tiene solución fácil: escríbenos contándonos cómo llegas y te decimos cuál encaja. Sin compromiso y sin intentar venderte la sesión más cara.

Como orientación rápida: si lo que pesa es el ritmo y la cabeza, el masaje relajante. Si hay una zona concreta que lleva semanas sin ceder, el masaje descontracturante. Si vienes de entrenar o competir, el masaje deportivo. Si te apetece algo distinto a todo lo anterior, el tailandés. Y si lo que más te pesa son los pies después de caminar Granada, la reflexología podal, donde además solo te quitas los zapatos.

En cada página de servicio tienes el paso a paso concreto de esa sesión, porque no todas son iguales: en el tailandés vas vestido y se trabaja en el suelo, en el Kobido estás boca arriba y el trabajo es en el rostro, y en el masaje en pareja sois dos en la sala con dos masajistas.

Estamos en C/ San Jerónimo 48, en Granada centro, a cinco minutos andando de la Catedral.

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Las sesiones de masaje en Quiroesencia son prácticas de bienestar y relajación. No constituyen atención sanitaria ni sustituyen en ningún caso al consejo, la valoración o la atención de un profesional sanitario titulado. Si tienes una condición de salud diagnosticada, estás embarazada o te encuentras en un proceso de recuperación, coméntalo antes de la sesión.

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